Todos los jueves, en un bar de Barrio Norte, las conversaciones se cruzan en distintos idiomas. Hay banderas sobre las personas, acentos que se mezclan y frases que se arman a medias. En ese movimiento constante, Alba María Soraire encuentra algo que no aparece en ninguna app: personas. Se recibió hace un año como traductora e intérprete de inglés. La decisión no fue improvisada. “Desde chica me gustaban los idiomas y me iba muy bien en el colegio. Quería que deje de ser un hobby y que sea una herramienta laboral”, cuenta. Como a muchos, también le dijeron que el inglés abría puertas. Y durante mucho tiempo, eso no estuvo en duda. Esta historia forma parte de la serie “¿Qué estudiar hoy? Entre la vocación y un mercado laboral que se transforma”.
Se recibió hace un año como traductora e intérprete de inglés. La decisión no fue improvisada. “Desde chica me gustaban los idiomas y me iba muy bien en el colegio. Quería que deje de ser un hobby y que sea una herramienta laboral”, cuenta. Como a muchos, también le dijeron que el inglés abría puertas. Y durante mucho tiempo, eso no estuvo en duda.
El miedo a quedar obsoletos
Cuando empezó la carrera, imaginaba un futuro amplio. Pensaba en interpretar, traducir, subtitular o incluso trabajar en doblaje. “Tenía muchas ideas, porque con el idioma se puede hacer mucho”, recuerda. Pero en el medio de ese recorrido apareció una pregunta que empezó a repetirse cada vez más entre estudiantes y profesionales: qué pasa cuando la inteligencia artificial empieza a hacer lo mismo, más rápido.
“Creo que en algún momento a todos nos dio ese miedo”, admite. El auge de estas herramientas coincidió con sus años de formación y generó incertidumbre. Sin embargo, ese temor no se convirtió en freno. “Fue importante entender que la inteligencia artificial no es una competencia, sino una herramienta”, explica.
Ahí aparece un límite que, para ella, sigue siendo claro. “Hay cosas que la inteligencia artificial no tiene: la sensibilidad, la paciencia, la empatía, la conexión con las personas”, dice. En ese punto, su mirada se corre de la idea de reemplazo y se acerca más a la de transformación.
Un idioma que se usa distinto
Alba encontró en espacios como Mundo Lingo una forma de sostener y ampliar su vínculo con el idioma. Participa hace dos años y recientemente dio un paso más: comenzó a formar parte del equipo como embajadora.
Ese rol implica acompañar la dinámica del encuentro, recibir a quienes llegan por primera vez, facilitar las conversaciones y ayudar a que el intercambio fluya entre personas de distintos idiomas y niveles. “Justo este jueves es mi primer día como ambassador”, cuenta. Durante mucho tiempo asistió solo como participante, hasta que la coordinadora del evento la incentivó a postularse. “Fui al evento dos años y nunca me animé, hasta que la manager me insistió y dije bueno”, recuerda.
“Es una oportunidad para conectar con personas de diferentes culturas, más allá del ámbito laboral”, explica. A diferencia de una clase o de una herramienta digital, el intercambio es directo. Se habla, se duda, se corrige y se vuelve a intentar. Sin filtros.
Mundo Lingo es un evento internacional que se replica en distintas ciudades del mundo y que en Tucumán funciona todas las semanas. No hay requisitos formales ni niveles exigidos: cualquiera puede participar, incluso si solo habla español. La dinámica es simple, pero efectiva: conversar.
“Me ayudó mucho a soltarme”, cuenta Alba. Y en ese gesto: hablar con otros, equivocarse, entender acentos, improvisar, aparece algo que no se automatiza. Mientras la inteligencia artificial optimiza procesos, estos espacios recuperan lo impredecible del lenguaje.
Esa diferencia también se vuelve evidente en la experiencia. “No es lo mismo hablar con alguien que con una pantalla”, resume Silvana, una de las organizadoras del evento. La tecnología puede facilitar, pero no reemplazar ese ida y vuelta.
Una carrera que no desaparece, se transforma
Lejos de pensar su formación como algo en retroceso, Alba plantea otra idea. “No creo que la carrera pierda vigencia, sino que se va a transformar”, sostiene. La traducción y la interpretación siguen existiendo, pero cambian sus formas, sus herramientas y sus exigencias.
En ese escenario, la clave no está en abandonar lo aprendido, sino en adaptarlo. “El problema no es la carrera, sino cómo la usás”, dice. La inteligencia artificial, en lugar de ser un obstáculo, puede ser parte del proceso. Pero no lo reemplaza todo.
Su recorrido no responde a una lógica de ruptura, sino de ajuste. Sostiene lo que eligió, pero lo reconfigura. Y en ese movimiento aparece una certeza que atraviesa no solo su historia, sino también la de muchos jóvenes hoy: el futuro no está en una carrera en sí misma, sino en la capacidad de reinventarla.